
“Ese decir palabras sin sentido
Que ruedan como oídos caracoles
Como un lóbulo abierto que amanece
(Escucha escucha) entre la luz pisada”
Mi voz – Vicente Aleixandre
Estoy de pie frente a la ventana, sólo llevo puestos unos vaqueros ya algo viejos. El marco es de madera, de color neutro. Todo en la habitación es de color neutro. El detestable intento de los hoteles porque sus habitaciones no resulten chocantes a ningún huésped hace que sea imposible encontrar un atisbo de familiaridad en ellas. El mismo papel de pared, las mismas mesillas, las mismas colchas, los mismos cuadros de paisajes: Todo aséptico, inhumano.
Miro tras ella mientras le doy la penúltima calada a un “Lucky Strike” que muere calcinado entre mis dedos. Frente a mí hay una puerta monumental de Madrid: Grande, neoclásica y de granito gris. No es una puerta principal y, hasta donde yo sé, nadie le dedicó nunca una canción, ni siquiera unas líneas. Para mí es tan poco merecedora de ello como otras más honradas.
