Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rímel?
-Grandes, respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.
Eso era amor – Ángel Gonzalez
Te miro y me sonríes desde el monitor. Tu sonrisa es pícara pero inocente como si pretendieras provocarme o probarme. Te sueltas el pelo sin dejar de mirarme y ese movimiento que haces con la cabeza, esa sacudida de tu melena color café me hunde más aún en la silla, bajo la presión de tus ojos sobre el fondo luminoso. Pausa. Rewind. Slow Motion. Fotograma a fotograma tu pelo flota lentamente andes de. Play. Volver al ritmo natural que ahora parece supersónico en el que rompes nuestra conexión para fundirte en la multitud que corea consignas tras la pantalla. Stop.
La sala de edición esta fría, desordenada y oscura, sólo iluminada por la luz fría de dos monitores. Uno muestra el panel de control del avanzado software de edición, el otro un plano abierto de una multitud iracunda con el poder. Enciendo un cigarro, está prohibido fumar en todo la redacción pero ya es tarde y me recuesto en la silla, mirando fijamente los parpadeantes puntos luminosos que hace unos instantes eran tus ojos. Doy una calada profunda esperando por un instante que quizás el segurata venga a echarme quizás de una paliza. No sé, quizás así olvide esa mirada que me lleva atado a la silla una semana, quizás. Porque sé que hoy volveré a despertarme a mitad de la noche con esa mirada tan intensa en el fondo de la retina. ¿Por qué necesito conocerte?
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