Olvídate tus bragas en mi mesilla. Mañana irán a la basura, pero durante unos segundos darán un poco de dulzor a mi amargo despertar. ¿Devolvértelas? ¿Repetirlo? ¿Gastarnos? ¿Hastiarnos? ¿Para qué? Al final todo se acabará de la misma forma, con un beso, un “hasta luego” y una promesa de regresar. De volver atrás y tratar de estacionarnos en un hueco demasiado estrecho para los dos. Así que huiremos, bueno, “tú” huirás, yo me quedaré mirando el hueco que no ha llegado a dejar tu cuerpo en mi cama. Si llego a salir de la habitación quizás el gélido y fétido aliento de la cuidad me desperezará y te olvidaré en seguida entre los ojos de la rubia con la que me crucé en el primer paso de cebra. Pero las franjas blancas se acabarán y al otro lado el viento seguirá soplando de poniente y no habrá ningún nuevo mundo, ni oro, ni junglas, ni indígenas esperando con los brazos y las piernas abiertas. ¿ Por qué tesoros intercambiaré entonces los espejos a los que ya no me sé mirar? Mejor romperlos y abandonarlos a su mala suerte en algún descampado, céntrico, tétrico y ambiguo. Por eso olvídate las bragas y baja la persiana, no vaya a amanecer y me despierte contigo aún a mi lado y la mañana nos impida olvidarnos.
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Olvídate tus bragas en mi mesilla
Publicado por Rick Blaine en 14 noviembre 2009
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Sueños Blancos
Publicado por Rick Blaine en 27 agosto 2009

“Mes songes viennent en foule
Pour se désaltérer à ces gouffres amers.”
Le Poison – Charles Baudelaire
Marcos se despertó muy lentamente, sin prisas. El ambiente era dulce y tibio y a su alrededor se revelaba una habitación de paredes blancas decorada con muebles blancos (sobrios y sofisticados) que aún tenían su madera impregnada por el dulce aroma de una mujer. Sintió las suaves y cálidas sabanas de seda sobre su piel desnuda, mientras se desperezaba estirándose profundamente bajo ellas. Cuando se sintió absolutamente despejado, abrió los ojos y tomo una larga bocanada de aire perfumado. Por fin, tras un último y largo bostezo se levantó de un enérgico salto y se dirigió al baño.
Se sentía revitalizado, por primera vez en mucho tiempo había tenido un sueño profundo y estaba descansado. Se asomó al espejo del baño y se vio más atractivo que nunca. Su barba de un par de días le daba un aspecto descuidadamente sensual, sonrió y así se gustó aún más, todos sus dientes relucían blancos entre sus labios enrojecidos por los besos. Se fijó en su torso bien formado mientras se preparaba un baño de espuma, observó como sus morenos brazos y piernas brillaban bajo la tenue luz que derramaba el halógeno, le encantaba el apolíneo aspecto que tenía.
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