“La tierra giró para acercarnos,
giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño”
La tierra giró para acercarnos – Eugenio Montejo
Y en medio del movimiento, de su dulce vaivén musical, un miedo nos invade, nos asalta, nos aterra: el miedo a la parada, al fin del andar de nuestro mundo. El miedo a despertarnos una noche y encontrarnos varados. Tu en el lado oscuro, viviendo entre las dudas de unas infinitas tinieblas, en las redes de sombras desfiguradas, inhumanas; Yo en el lado iluminado, siempre bajo la ardiente luz que me taladra los ojos y me ciega, que me chamusca la piel y me la arranca tiras, que me oculta el mundo en un eterno resplandor azulado sin horizonte.
Ese miedo a encontrarnos bajo dos luces distintas, en diferentes perspectivas. Sin posibilidad de mover la Tierra, de hacer palanca para arrancarle un nuevo movimiento. Ni tener posibilidades de conseguir un billete para la montaña rusa que nos permita acercarnos, miedo a no entendernos.
Miedo al futuro, miedo al pasado, miedo al presente varado.
Miedo a lo imposible, ya que la Tierra, al menos todavía, no ha parado.
