
“Déjate convencer.
Ya habrá alguien que se haga cargo
de recoger las culpas de este pecado.
(…)
Mira que no hay un alma que llevarse a la boca,
que hay que repartir caricias
y esta noche me toca.
Que yo también comparto los mismos miedos,
también busco una cinta para atar el tiempo.
También arrastro conmigo una cadena de sueños.”
Déjate Convencer – Ismael Serrano
Cuando al amanecer me despiertan los primeros rayos de sol que se asoman tras los edificios que rodean la Piazza de Santo Stefano, yo estoy solo, sentado en un bordillo, bajo uno de estos bellos soportales renacentistas. Cuando abro los ojos tengo la cabeza entre las piernas, me pesan los párpados y en mi boca siento el sabor pastoso de la noche. No recuerdo nada, sólo un mosaico de luces, colores, sabores y aromas que saltan a mi mente intermitentemente.
Me duelen los ojos y la cabeza y en los oídos tengo un pitido ligeramente más intenso al habitual después de una noche de fiesta. La noche se ha evaporado y no me ha dejado recuerdos sólidos, sólo posos oscuros y amargos diluidos en un sabor a café o a whisky o a salsa barbacoa. Miro al cielo y no llego a imaginarme que hora será, saco el teléfono del bolsillo: “Tiene un SMS no leído”. ¿Un SMS? ¿De quién será?De ella, un mensaje de ella, de España, del mundo real.
