
“Las estatuas sufren por los ojos con la oscuridad de los ataúdes,
pero sufren mucho más por el agua que no desemboca.
Que no desemboca.”
Niña ahogada en el pozo – F. G. Lorca
Robert se detuvo frente a la magnífica escultura. Su desnudo cuerpo de mármol, colmado de detalles, transmitía un vigor y una naturalidad que no había apreciado en ninguna de las otras estatuas de la colección. La recorrió con su mirada desde los pies hacia arriba disfrutando de sus formas perfectas hasta llegar a la altura de los ojos, unos ojos grises, intensos. Por un instante Robert sintió que aquellos ojos le querían decir algo, le transmitían una extraña sensación de reprimenda. Apartó la vista y siguió a su joven y jovial guía romana hacia la siguiente sala.
